Mediten en la brevedad de la vida | Thomas Brooks

Para silenciar y tranquilizar sus almas bajo la mano aflictiva de Dios, mediten mucho sobre la brevedad de la vida del hombre. Esta vida presente no es la «vida, sino el camino hacia la vida». «La vida del hombre —dijo uno— es una sombra de humo e incluso el sueño de una sombra». Dijo otro: «La vida del hombre es tan corta que Agustín dudaba si llamarla una vida moribunda o una muerte viviente». No tienen más que un día para vivir y quizás ahora estén en la última hora de ese día. Por lo tanto, ten fe y paciencia. Sus aflicciones y sus vidas terminarán juntos dentro de poco. Por lo tanto, permanezcan en silencio. Sus tumbas están por ser hechas, su sol está cerca de ponerse y la muerte comienza a apartarlos del escenario de este mundo. La muerte está a sus espaldas y pronto deberán navegar sobre el océano de la eternidad. Aunque tienen mucho trabajo que hacer (un Dios que honrar, un Cristo con quien tener comunión, un alma que salvar, una carrera que correr, una corona que ganar, un infierno que escapar, un perdón que rogar, un cielo que asegurar), solo tienen un poco de tiempo para hacerlo.

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