La vida de Dios en el alma del creyente | Octavius Winslow

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida.
1 JUAN 3:14

Esta es una cosa de cuya posesión el creyente puede estar seguro. Puede hablar de su posesión con santa audacia y con humilde confianza. La vida de Dios en el alma se autentifica a sí misma. Trae consigo su propia evidencia. ¿Es posible que un creyente pueda ser sujeto de la gracia vivificante del Espíritu Santo y no saberlo? ¿Poseer la unión con Cristo y no saberlo? ¿El perdón de los pecados y no saberlo? ¿Comunión con Dios y no saberlo? ¿Estar en pos de la santidad y no saberlo? Imposible. La vida de Dios en el alma se manifiesta por sus actos. ¿Eres consciente de tu pecaminosidad? ¿Amas la sangre expiatoria? ¿Es Jesús precioso para tu alma? ¿Te deleitas en Dios y en el retiro para la comunión con Él? Entonces, para animarte, te recordamos que estas no son las acciones de un alma que yace en un estado de muerte moral, ni son las producciones de un suelo todavía no regenerado. Proceden de la vida de Dios, y son los ascensos de esa vida a Dios, la Fuente de donde fluye. Por lo tanto, el más débil de los creyentes en Jesús puede exclamar humildemente: «Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo» (Jn. 9:25).

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