El espíritu vive | Octavius Winslow

El espíritu vive a causa de la justicia.
ROMANOS 8:10

¿Qué debemos entender por el término espíritu? Nuestra respuesta excluirá de inmediato la idea del Espíritu Santo. De la Tercera Persona de la bendita Trinidad no puede ser de quien habla el apóstol. La única interpretación que queda entonces es la que restringe su significado a la parte espiritual e inmortal del creyente: el espíritu regenerado del hombre y no el Espíritu regenerador de Dios. La declaración alentadora entonces del apóstol es que la parte espiritual e inmortal de nuestra naturaleza es recuperada de la maldición, renovada y vivificada con una vida divina y celestial. Si el cuerpo está muerto por el pecado, el espíritu vive por la justicia. El espíritu vive ―instinto con un principio nuevo y sin muerte― porque Cristo es la justicia de Su pueblo. Sobre la amplia base del método de justificación de Dios, nuestro espíritu vive. Desde todo punto de vista, Cristo se identifica con nuestra vida espiritual. Vivimos una vida de justificación por Cristo, una vida de santidad a partir de Cristo, una vida de fe en Cristo y una vida de inmortalidad con Cristo. Así, en todas sus fases, «Cristo es nuestra vida». ¡Oh, gloriosa verdad! Bienvenida sea la muerte: el espíritu vive. Bienvenida la tumba: el espíritu está más allá de ella. La muerte solo puede tocar el tejido material. La vida interior se eleva por encima de tu alcance, escondida con Cristo en Dios. La tumba solo puede apresar el cuerpo, pero el alma está en casa con Jesús. Yo vivo, no por ninguna justicia que yo haya hecho, sino porque Cristo es mi justicia. Vivo por causa del Justo, vivo en el Justo y viviré para siempre con el Justo. Así es la vida del espíritu a causa de la justicia. ¡Oh, qué gloriosa inmortalidad se revela al ojo de la fe! Si a través de los sombríos portales de la muerte debe pasar el espíritu del creyente, la vida lo acompaña, la vida lo espera y la vida lo corona en su tránsito hacia la eternidad. Animado con una existencia sin muerte, revestido con el manto de una inmortalidad recién nacida, estalla en embeleso y acelera su camino hacia la gloria sonriendo a la muerte, el honor y la vida sin fin. Esperemos esta vida. A partir de una vida experimentada ahora, vivamos para una vida que pronto será disfrutada. El cuerpo debe morir. Pero ¿qué hay de eso? El espíritu vive. Y el espíritu inspirado por la vida volverá a entrar y a reanimar el polvo adormecido. Y ahora, remodelado y espiritualizado, estará con Cristo y con todos los santos en el nuevo cielo y en la nueva tierra, donde morará la justicia.

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