El Cristo omnipotente | Octavius Winslow

Poderoso para salvar.
ISAÍAS 63:1

Veamos la manera autoritativa con la que ejecuta Sus poderosos actos de gracia. Observen Su forma de proceder. ¿Había algo que traicionara la conciencia de un inferior, la sumisión de un dependiente, la debilidad de un mortal o la imperfección de un pecador? ¿Acaso no resplandeció Dios a través del hombre con majestuoso asombro, cuando al leproso le dijo: «Quiero, sé limpio»; al hombre de la mano seca: «Extiende tu mano»; al ciego: «Recibe la vista»; al muerto: «Te digo que te levantes»; y a las olas tumultuosas: «Calla, enmudece»? Querido lector, ¿eres un creyente experimental en Jesús? Entonces este Cristo omnipotente está unido a tus mejores intereses. Él es omnipotente para salvar, omnipotente para proteger, omnipotente para liberar, omnipotente para someter todas tus iniquidades, para hacerte humilde, santo y obediente. Todo el poder reside en Él. «Agradó al Padre que en Él —en Él como Mediador de Su Iglesia— habitara toda la plenitud» (Col. 1:19). No una corrupción, sino que Él es omnipotente para someterla; no una tentación, sino que Él es omnipotente para vencerla; no un enemigo, sino que Él es omnipotente para vencerlo; no un temor, sino que Él es omnipotente para acabarlo. «Toda potestad —es Su propio lenguaje consolador— me es dada en el cielo y en la tierra» (Mt. 28:18).

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