El cristiano aprende que no sería una pérdida si perece | Jeremiah Burroughs

Si perecemos, no habría ninguna pérdida. Si Dios me aniquilara, ¿qué pérdida habría? Dios puede levantar a alguien más en mi lugar para servirlo en otra forma de servicio que el que hice. Ahora bien, reúne solo estas siete cosas juntas y Cristo te habrá enseñado la abnegación. Puedo llamar a estas cosas, las palabras estrictas en nuestra lección de abnegación. Cristo le enseña al alma esto, de modo que —como si estuviera en la presencia de Dios bajo la real vista de sí misma— pueda decir: «Señor, no soy nada; Señor, no merezco nada; Señor, no puedo hacer nada; no puedo recibir nada; no puedo hacer uso de nada; soy peor que nada; y si llego a la nada y perezco, no perderé nada en absoluto. Por lo tanto, ¿qué importancia tiene el que sea privado en la tierra?» El hombre que es pequeño a sus propios ojos, considerará toda aflicción como pequeña y toda misericordia como grande.

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