El amor de Dios para con Su pueblo en el castigo | Octavius Winslow

Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad.

SALMO 89:30-33

El amor divino castiga debido a que ve la necesidad para la corrección. El amor del Señor no es un afecto ciego. Lo ve todo y escudriña el corazón. ¿Cuándo se ha mostrado ciego a las necedades de Su pueblo? ¿Cuándo ha ignorado Su amor las desviaciones pecaminosas de ellos? ¿Fue ciego ante la incredulidad de Abraham? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante el engaño de Jacob? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante la impaciencia de Moisés? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante la autoalabanza de Ezequías? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante el adulterio y el asesinato de David? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante la idolatría de Salomón? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante la desobediencia de Jonás? Lo castigó por ello. ¿Fue ciego ante la autojustificación de Job? Lo corrigió por ello. ¿Fue ciego ante la negación de Pedro? Lo reprendió por ello. Es nuestra misericordia saber que el amor señala nuestra iniquidad, y que el amor y no la justicia, la gracia y no la venganza, sostiene la vara y administra la corrección. ¿Crees, oh hijo castigado del Señor, que tu Padre te habría tocado donde tus sentimientos son más intensos, donde tu angustia es más profunda, si no hubiera visto una necesidad real? Si no hubiera señalado ninguna iniquidad, ningún defecto, ninguna desviación y ninguna mancha, habrías sabido lo que eran los «besos de su boca» en lugar de los golpes de Su vara. Y, sin embargo, créanlo, pues lo ha declarado, esos golpes de Su vara son tanto el fruto y la expresión de Su amor como los «besos de Su boca» (Cnt. 1:2), «porque el Señor al que ama, disciplina» (He. 12:6).

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