Dios es nuestro amparo y fortaleza | Octavius Winslow

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
SALMO 46:1

Es una de las verdades más benditas del pacto de gracia que el Dios del pacto sea una ayuda muy presente en todo tiempo de angustia. Amando a Su pueblo como lo hace, habitando en él por Su Espíritu, sus personas y circunstancias continuamente ante Él en la persona y la intercesión de Su amado Hijo, ¿cómo podría perderlos de vista un solo momento? Ellos pueden, y a menudo lo hacen, perderlo de vista. Por desgracia, no ponen al Señor siempre delante de su rostro. No se entrenan ni se disciplinan para verlo en cada evento, circunstancia e incidente de la vida. No tienen una visión clara para reconocerlo, ni se apresuran a reconocerlo en cada providencia que oscurece o ilumina su camino. Si fueran sensatos, exclamarían de cada bien y de cada mal tal como se presenta: «¡El Señor está en esto!» Pero nunca están fuera de Su corazón, de Sus pensamientos, de Sus manos o de Sus ojos. ¡Cuán cerca de ellos está también el Espíritu Santo! Habitando en ellos y cubriéndolos con Su sombra, está a su lado para guiarlos, sostenerlos y alegrarlos, trayendo a su memoria una preciosa promesa, escribiendo en su corazón una verdad vivificadora o abriendo ante sus ojos alguna entrañable visión de Jesús justo en el momento en que la necesitan. ¡Qué pueblo bienaventurado y favorecido es el del Señor! «Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios». «Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová» (Sal. 146:5, Sal. 144:15).

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