Consuelo para la fe pequeña | Octavius Winslow

¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
MATEO 14:31

La fe dudosa no es una fe dudosa. Si el creyente no tiene la fe de la seguridad, puede tener la fe de la confianza, y eso lo llevará al cielo. Todas las dudas y temores que alguna vez acosaron a un hijo de Dios no pueden borrar su nombre del libro de la vida del Cordero, ni sacarlo del corazón de Dios, ni cerrarle el paso a la gloria. «La incredulidad ―dice Rutherford― puede tal vez romper las copias del pacto que Cristo le ha dado, pero Él todavía guarda el original en el cielo con Él mismo. Tus dudas y temores no son partes del pacto, ni pueden cambiar a Cristo».

«Las dudas y los temores de los elegidos ―comenta otro― son anulados por la gracia todopoderosa para su bien presente y eterno, ya que conducen a mantenernos humildes ante el escabel de Dios, a hacernos sentir los méritos de Jesús, a hacernos sentir nuestra debilidad y dependencia, y a hacernos velar por la oración». ¿Alguna vez un alma no regenerada y sin vida tuvo dudas o miedo de su condición espiritual? Nunca. ¿Alguna vez se ha preguntado o razonado ansiosamente y en oración sobre su estado eterno? Nunca. ¿Busco fortalecer tus dudas? No. Pero deseo fortalecer tu fe probada y dudosa. Quisiera decirte, para alentarte, que la más pequeña partícula de gracia tiene gloria eterna en ella, así como la más pequeña semilla contiene prácticamente todo lo que procede de ella: la hoja, la espiga y el grano completo en la espiga. No desmayes, ni te desanimes en tu prueba de fe. No hay camino más dulce hacia el cielo que el camino de la gracia gratuita pavimentado con duras pruebas. Fue el camino que recorrió Aquel que estaba «lleno de gracia». Aunque era abundante en gracia, observa cuán profundamente fue probado. No pienses, entonces, que tus duras pruebas son señales de un estado sin gracia. Los santos más llenos de gracia han sido los santos más probados. Pero no descanses aquí. Hay un consuelo aún más abundante y seguro para ti: la plenitud de la gracia que está en Jesús, una gracia que siempre fluye y que siempre está llena. Revélale tus dudas y temores. Dile que lo deseas por encima de todo bien. Sumérgete en el mar de Su plenitud. Y Él, que ha creado en tu alma una sed de gracia, te dará con seguridad y generosidad la gracia de la que tienes sed.

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