Reunión de los santos | Octavius Winslow

Os habéis acercado […] a los espíritus de los justos hechos perfectos.
HEBREOS 12:22-23

Que los santos se reconocerán y tendrán comunión unos con otros inmediatamente después de su entrada en la gloria, creemos que es claro a partir de estas palabras del apóstol, al enumerar los privilegios de los creyentes liberados. Nos permitimos, por lo tanto, la grata esperanza de que, si la muerte nos aleja antes de la venida del Señor, nos encontraremos, conoceremos y tendremos una comunión deleitosa con nuestros amigos que partieron de esta vida en Jesús. Pero el reconocimiento y la comunión no han de ser necesariamente tan perfectos y plenos como cuando Cristo aparezca, y los santos resucitados se agrupen en torno a la persona y en el reino de su Señor; ya que ni nosotros ni ellos hemos alcanzado nuestro estado de pleno conocimiento y capacidad hasta que tenga lugar ese gran acontecimiento, y se realice la «bendita esperanza». Argumentamos el reconocimiento de los santos a partir del hecho de la perfección del conocimiento al que nos hará avanzar la gloria venidera. Nuestro querido Señor recuerda a Sus santos que serán iguales a los ángeles. Ellos se conocen entre sí. Parecería imposible, viviendo juntos durante tantos años, que no lo hicieran. Entonces, si los santos son iguales a ellos, deben serlo en este dulce privilegio. ¿Y es razonable suponer que en todos los demás aspectos nuestro conocimiento será perfeccionado excepto en este único particular? ¿Poseeremos un elemento de poder mental aquí, que perderemos en una gradación hacia la perfección y, por consiguiente, no poseeremos en un grado más alto en el más allá? Ciertamente no. Por lo tanto, cuando los muertos en Cristo resuciten en Su venida, todas las facultades intelectuales se ampliarán, y no solo conservando todas las anteriores, sino aumentando la cantidad por un mayor grado de conocimiento adicional: «Conoceremos como somos conocidos». La perfección de la felicidad, que implica la glorificación, implica esta bendición. ¡Qué rica fuente de elevado y santo deleite proporciona la comunión de los santos, incluso en nuestro estado actual! ¡Cómo eleva, castiga, expande y calma la mente y el corazón, tan enturbiados por la preocupación e irritados por el dolor! Pero el cielo perfeccionará esta dicha. ¿No aumenta la belleza de la perspectiva y fortalece la expectativa de la escena?

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