La misericordia está más cercana cuando enmudecemos bajo la vara de Dios 2 | Thomas Brooks

Cuando Absalón hizo una gran conspiración contra David, sus súbditos se le disminuyeron y se vio forzado a huir para salvar su vida, el espíritu de David estaba tranquilo y en calma. «Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, él hará que vuelva, y me dejará verla y a su tabernáculo. Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere» (2 S. 15:25-26). Y la misma calma y quietud de espíritu estaba sobre él cuando Simei lo maldijo amargamente y lo reprendió (cf. 2 S. 16:5-14). Y en pocos días, como pueden ver en los dos capítulos siguientes, los conspiradores fueron destruidos y el trono de David estaba más firmemente establecido. La misericordia está siempre más cerca cuando el hombre puede poseer su propia alma en quietud. La salvación está por llegar cuando el cristiano viene a poner su mano sobre su boca. La misericordia estará sobre el ala, la bondad amorosa cabalgará rápidamente para poner fin a las angustias de ese hombre que permanece en silencio en el día de sus penas y sufrimientos. ¡Ah, cristianos! Si quieren tener la misericordia cerca, si quieren ver el fin de sus aflicciones, si quieren obtener esa liberación que viene volando sobre las alas del viento, enmudezcan y guarden silencio bajo todas sus aflicciones.

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