La indignidad de pecar para librarse de las aflicciones | Thomas Brooks

Usar cambios viles para librarse de las aflicciones argumenta de un espíritu pobre, bajo, débil, miserable y cobarde. Hombres de espíritus nobles, valientes y magnánimos lo desecharían y despreciarían (cf. Dn. 3:6, 8; He. 11:24). Como pueden ver en los tres hijos hebreos, David y los dignos en Hebreos 11, de los cuales «el mundo no era digno». Jerónimo escribe sobre una mujer valiente que, estando en el potro de tortura, ordenó a sus perseguidores que hicieran lo peor, pues estaba decidida a morir antes que a mentir. El príncipe de Conde fue hecho prisionero por Carlos IX —rey de Francia— y sometido a que escogiera si ir a la misa católica, morir o sufrir prisión perpetua, y su noble respuesta fue que, con la ayuda de Dios, nunca elegiría la primera, y que dejaría a la voluntad del rey y a la providencia de Dios cualquiera de las otras dos cosas. Un alma verdaderamente noble se separará antes de todo que de la paz de una buena conciencia. De ahí que el bendito Hooper deseara más bien ser echado de su cargo en la iglesia que ceder a ciertas ceremonias [no bíblicas].

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