Influencia maternal | Henry Belfrage

Contemplen la escena más tierna sobre la tierra —la madre dando la primera inclinación al alma que es inmortal. ¡Oh, qué lecciones de sabiduría celestial pueden descender de sus labios y encontrar su camino hacia un corazón que aún no está en contacto con el mundo! ¡Cómo puede ella aprovechar los primeros indicios del intelecto y consagrarlos a Dios! ¡Cómo puede el ojo de la madre, una mirada radiante y afectuosa, dirigir al pequeño a que dependa del Salvador! Una madre cariñosa y prudente ejercerá una influencia casi ilimitada sobre sus hijos durante los primeros seis u ocho años de su vida —un período por encima de todos los demás cuando el corazón es susceptible de impresiones profundas y duraderas. Salomón con frecuencia y gran ternura llama la atención a los piadosos consejos de su madre. Timoteo fue instruido por su madre y su abuela cuando era un niño. John Randolph de Roanoke solía decir lo siguiente: «Yo hubiera sido un ateo francés, si no fuera por el recuerdo cuando mi difunta madre tomaba mi pequeña mano en la de ella y me hacía decir de rodillas lo siguiente: “¡Padre nuestro que estás en los cielos!”». Pocos son los hombres eminentes de ciencia y religión que no expresan una profunda gratitud por el ejemplo, los consejos y las oraciones de su madre piadosa. Y sería difícil encontrar un caso en el que los niños hayan sido criados en el temor de Dios y en el amor del Salvador, en el que la madre no haya mostrado una marcada solicitud por apreciar una vida de piedad en su familia.

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