Hipocresía | Charles Spurgeon

Extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los habitantes de Jerusalén, y exterminaré de este lugar los restos de Baal, y el nombre de los ministros idólatras con sus sacerdotes; y a los que sobre los terrados se postran al ejército del cielo, y a los que se postran jurando por Jehová y jurando por Milcom…

Sofonías 1:4-5

Las personas mencionadas en este versículo creyeron estar seguras porque agradaban a las dos partes, estaban con los seguidores de Jehová mientras que también se postraban ante Moloc. Sin embargo, esta duplicidad es abominación a Dios y él detesta la hipocresía. Un idólatra que se entrega por completo a un falso dios no es un pecador tan grande como alguien que lleva su profano y detestable sacrificio al templo del Señor mientras que el mundo y su pecado consumen su corazón. Pretender vivir con las liebres pero correr junto con los sabuesos es una práctica detestable. Una persona de doble ánimo es despreciada en cualquier aspecto de la vida, pero en el aspecto de la fe resulta repulsiva a la enésima potencia. Y el castigo que el Señor estableció en nuestro texto es terrible pero merecido, porque ¿cómo puede la justicia divina de Dios consentir que un pecador conozca lo correcto, lo apruebe y profese cumplirlo, al mismo tiempo que ame el mal y permita que este gobierne su corazón por sobre el bien? Amado hermano, escudriña tu corazón en esta mañana para ver si eres culpable de doble ánimo. Si profesas ser un seguidor de Jesús, ¿realmente lo amas? ¿Está tu corazón bien con Dios? ¿Perteneces a la familia de Padre honesto o eres pariente de Interés privado? Profesar que se vive según un nombre piadoso es de escaso valor si seguimos estando «muertos en [nuestras] transgresiones y pecados» (Efesios 2:1). Tener un pie en la tierra de la verdad y otro en el mar de la falsedad finalmente nos conducirá a una terrible caída y a la ruina absoluta, dado que Cristo demanda todo o nada. Dios llena la totalidad del universo; por lo tanto, no hay lugar para otro dios. Si él reina en tu corazón, no hay espacio para que reine ningún otro poder.

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