La aflicción aumenta nuestra esperanza para con Dios | John Wesley

Las aflicciones sirven para probar, purificar, reafirmar y aumentar esa esperanza viva para la cual el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo nos hizo renacer según su grande misericordia (cf. 1 P. 1:3). Por cierto, nuestra esperanza no puede menos que aumentar en la misma medida que aumenta nuestra fe. En esto se funda nuestra esperanza: porque creemos en su nombre y vivimos por fe en el Hijo de Dios, anhelamos y esperamos confiadamente la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse (cf. Ro. 8:18). Por consiguiente, todo aquello que fortalece nuestra fe, también aumenta nuestra esperanza. Al mismo tiempo también hace crecer nuestro gozo en el Señor, gozo que siempre va unido a una esperanza llena de inmortalidad. Con esta visión el Apóstol exhorta a los creyentes en otro de los capítulos: «Gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo». Por esta misma razón «sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros» (1 P. 4:13-14). Y por todo esto, para nosotros es posible alegrarnos con gozo inefable y glorioso aun en medio del sufrimiento (cf. 1 P.1.8).

Share this...

Deja un comentario