Aferrémonos a Cristo | Octavius Winslow

Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud.
COLOSENSES 1:19

Toda la sabiduría para guiar, todo el poder para sostener, todo el amor para calmar, toda la gracia para apoyar, toda la ternura para simpatizar, habita en Cristo. Ciñámonos, pues, a un nuevo aferramiento de Cristo. Debemos atravesar este año no por la vista, sino por la fe. Y esa fe debe tratar simple y directamente con Jesús. «Separados de mí nada podéis hacer» (Jn. 15:5). Pero con Su fuerza perfeccionada en nuestra debilidad, podemos hacer todas las cosas (cf. 2Co. 12:9). ¡Oh, que este sea nuestro curso y nuestra actitud: «Subir del desierto recostada sobre su amado» (Cnt. 8:5)!

Viviendo en un mundo de imperfección y cambio, no debemos esperar nada perfecto y nada estable en lo que somos, en lo que hacemos o en lo que disfrutamos. Pero en medio de las opiniones disolventes del mundo que «pasa», aferrémonos firmemente a la inmutabilidad de Dios. Las ruedas pueden girar, pero el eje sobre el que giran es inamovible. Así es nuestro pacto con Dios. Los eventos pueden variar, las providencias pueden cambiar, los amigos pueden morir, los sentimientos pueden fluctuar, pero Dios en Cristo no conoce «mudanza, ni sombra de variación» (Stg. 1:17). «Había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn. 13:1).

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